CUANDO MÁS ES MÁS

Llevo nueve años en esta casa, pero no la he sentido mi hogar hasta hace unos meses. ¿Por qué?

Porque, tal y como yo misma la llamaba, aunque soy enormemente afortunada por tenerla, era la casa de los fantasmas. La casa de mis abuelos, a la que llegamos mi marido, los 2 niños mayores y yo, gracias a mi padre, con todo puesto. Muebles, cuadros, objetos de decoración, libros, alfombras… ¡todo! Muy pocas cosas nuestras, escogidas por nosotros (entre otras cosas porque veníamos de un piso cuatro veces más pequeño). 

Durante años he cambiado de sitio todo, incluso la distribución de las habitaciones, buscando que ocurriera ese “click” que hiciera que todo encajara y de repente fuera mi hogar. Pero nada. 

Cuando allá por el mes de Junio del año pasado, empecé a analizar todo lo que me pasaba, mis sentimientos, lo que quería, lo que no, me di cuenta de que siempre ponía como meta, como objetivo importante para mí, sentir que mi casa era mi hogar. Porque por entonces, no lo era. 

Al principio no le di mayor importancia, ya que había otras cosas más relevantes que solucionar: mi falta de sueño, la ansiedad, la tristeza, mi pesimismo… así que dejé de lado el tema de la casa, quitándole importancia. 

Pero cuando todo empezó a tomar forma, cuando el camino se empezó a vislumbrar ante mí, comencé a darme cuenta de que este también era un pilar importante, uno muy muy importante. 

Primero me centré en que el orden da paz y empecé a volcarme en ello, sin embargo aunque lograba la calma que te proporciona ver las cosas organizadas, seguía sin sentir mi hogar. ¿Qué era lo que fallaba si estaba haciendo todo correctamente? 

Durante muchos años pensé, por lo que leía aquí y allí, que el ideal era tener una casa con pocas cosas. Porque si hay poco, se limpia más rápido y mejor, y mantener el orden es más fácil, lo cual no es ninguna mentira, sino una verdad como un templo. 

Sin embargo, eso me provocaba una tremenda frustración, porque yo vivo en una casa llena de cosas, cosas que no puedo (y mucho menos quiero) tirar. Así que escondía todo lo que podía, para seguir los dictámenes de las gurús. Pero seguía sin ser feliz, porque tenía, ríete si quieres, la sensación de que literalmente estaba escondiendo mi historia. La quitaba de mi vista para tener esa casa minimalista que todos nos venden. Y eso no me hacía más feliz y mucho menos, que sintiera estas cuatro paredes como mi hogar.



Curiosamente, al repasar mi tablero de Pinterest en el que guardo las imágenes de casas que me inspiran me di cuenta que no son casas precisamente escandinavas con cuatro cosas, sino casas con muebles antiguos, libros por todas partes, composiciones de cuadros, alfombras, cachivaches varios…todo lo contrario a mi interpretación de lo que “dictan” las normas de la organización. Lo opuesto a lo que me empeñaba en conseguir por seguir las recomendaciones.



Para rematar, hace unas semanas, dándole una nueva oportunidad a Marie Kondo y su Magia del Orden, leí una frase que aunque la había leído mil veces antes, la entendí de otra manera. Venía a decir: Tira aquello que no te hace feliz, quédate solo con lo que te diga algo al corazón. Y entonces lo vi claro. ¿Por qué seguir escondiendo las cosas? ¿Por qué no sacarlas, darle su nuevo sitio en mi vida? 

Y así hice. Volví a rescatar de altillos y trasteros aquellas cosas que me traían recuerdos, que me parecían bonitas solas o en conjunto. Y empecé a jugar con ellas, a crear bodegones, rincones bonitos, a contarles a mis hijos lo que sabía de ellas, a preguntar a mi padre si sabía desde cuando estaban en la familia.


Y el sábado, cuando más bien parecía que eran las siete de la tarde que las diez de la mañana de la nevada que estaba cayendo ahí fuera, sentada en la mesa de mi despacho en casa, al girar la vista y mirar a través de la puerta abierta que da al salón sentí una sensación maravillosa de que por fin me gustaba mi casa, que sentía que era mi hogar. 

Así que mi casa no es ni moderna, ni minimalista, ni blanca (que decía una lectora). Sino todo lo contrario. Pero es exactamente como quiero que sea. 

¿A cuento de qué viene este post? Pues porque puede que tú estés en la misma situación. Si te gustan los blogs de limpieza, de orden, siempre decimos lo mismo. Menos es más. Pero hay veces que ese “de más” es el que te hace ser como eres, y no puedes renegar de él, porque entonces no hay orden ni limpieza que te de la paz que te mereces.

Comentarios

  1. Me ha emocionado tu reflexión, por que en el fondo todos buscamos que nuestra casa sea nuestro hogar y no siempre es facil . Y cuando veo esas casas "blancas" aunque si que me transmiten paz siento que les falta alma. Y con tus palabras he sentido que no estoy sola en este camino de crear mi hogar y que algun dia lo conseguire. Gracias por tu sinceridad. Un abrazo

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  2. Me encanta el post. Que gran verdad!!!. Yo tengo de mi suegra una vajilla preciosa con filo de plata, que a su vez fue de su cuñada( la dote) como se decía antes y que nunca uso por ser soltera. Y resulta que es una joya. Ahora que soy más mayor y estoy en otra etapa, mucho mejor, de mi vida, le doy mucho valor a los preciosos juegos de café y de te de mi abuela, con esos colores y flores tan elegantes y que espero poder heredar.

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  3. tan cierto!!me identifico totalmente!!! uno construye su hogar!! no hay que seguir tanto las modas sino lo que nos hace feliz !! las casas son como nosotros tienen historias y es bueno vivirlas!!

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  4. me entanta! a mi me pasa lo mismo, no siento que sea mi casa! a ver si encuentro la inspiracion! gracias!!

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