5 HERRAMIENTAS PARA SUPERAR LA ADVERSIDAD

 Antes de nada, infinitas gracias por todos los mensajes recibidos a raíz de la publicación anterior. Me siento enormemente agradecida por poder ayudar de algún modo a quien lo esté necesitando. ¡Hace que merezcan la pena tantas cosas!

 Me preguntabais muchas qué cómo logro seguir adelante, que cuáles son esas herramientas de las que hablo… la verdad es que de todas ellas he hablado por aquí antes. Pero nunca está de más recordarlas.



La principal es la actitud. Pero quizá sea, a la vez, la más difícil pues la buena actitud, o actitud positiva, creo que es algo que va en el carácter de cada uno.

La actitud, es la forma en la que te enfrentas a la adversidad, a los problemas, a los malos momentos. Hay dos opciones: por un lado, hundirse y vivir el dolor, o incluso anticiparlo, o por otro, decidir buscar el lado bueno dentro de todo lo malo, aunque sea mínimo, y aferrarse a él como a un clavo ardiendo.

Pero no llevarla “incorporada de serie” en tu carácter, no implica que no puedas alcanzarla con un poco de esfuerzo.

Cuando estás inmersa en una mala situación, sé que es complicado llegar a encontrar el lado positivo, los nubarrones no dejan ver que el sol sigue ahí fuera, brillando, y piensas que todas estas sensaciones se quedarán aquí para siempre, sin embargo, al final todo, todo, pasa.

No obstante, mi truco personal, el que me ha servido siempre para cambiar esa actitud es centrarme en la gratitud, que es la segunda herramienta.

 En esos momentos de tristeza, de desolación, he volcado todos mis esfuerzos en sentarme ante un papel y empezar a agradecer cosas por escrito. Como es difícil quitarse la pena, o la rabia, de encima así de un plumazo, y centrarse en buscar cosas positivas y de agradecer, empiezo por lo más básico: sigo viva.  Y lo escribo: me siento agradecida porque estoy viva.

Continuo poco a poco añadiendo cosas que de tan obvias no las vemos: poder tener alimento que llevarme a la boca, ser autosuficiente para mis quehaceres diarios, poder sentir las cosas (el aire en la cara, el frío en las manos, el calor en la espalda, el gusto de una piña dulce, etc…).

Así, y de una manera casi automática, empezarán a salir cosas por las que estar agradecida, y al escribirlas en un papel, verás cómo tu ánimo empieza a cambiar, empieza a mitigarse el dolor, la rabia y la frustración.  Si este ejercicio lo haces a diario, con constancia, te aseguro los resultados.

En cuanto a practicarlo por la mañana o por la noche, depende de cada uno. Hay quien por las noches sufre más, y acaba padeciendo insomnio, para esas personas estoy segura de que dedicarle un rato antes de acostarse les vendrá de perlas; si como yo, necesitas tener una actitud fuerte durante el día te recomiendo hacerlo por la mañana al levantarte. Merece la pena el esfuerzo de madrugar una hora antes.

Pero te digo una cosa, yo ha habido ocasiones en que por necesidad lo he llegado a realizar por la mañana y por la noche. Funciona.

La tercera herramienta quizá sea un tanto polémica, pero yo me he vuelta una auténtica forofa de esta práctica, para la cual saco a diario un rato cueste lo que cueste: se trata de la meditación.

Sacar tiempo, aunque sean 10 minutos, para parar, para concentrarse en la respiración, o por ejemplo para visualizar aquello que deseas, o incluso, y es muy útil, revivir un momento feliz y sentirlo. No sabes el maravilloso efecto que hace en el estado de ánimo de uno al momento. Especialmente esos días en que sin saber ni siquiera por qué, vas revirada y todo te hace que saltes a la mínima de cambio.

Hay quien ve incompatible la meditación con la práctica de la oración. Sin embargo, creo que son perfectamente compatibles e incluso complementarias. Personalmente me gusta combinar ambas. Primero medito, cambio el chip y mi estado de ánimo, y después rezo. No sé, tengo así la sensación de estar siendo más consciente de lo que hago, y no sólo soltar palabras y frases que conozco desde pequeña.

Pero esta combinación la descubrí hace un par de meses, cuando en plena crisis de Fe al ver sufrir tanto a mi padre tuve la revelación de usar ese poder calmante que tenía en mi la meditación, para exponerme a Dios en el rezo. Y todo encajó.

Al menos me sirvió para volver a rezar de corazón y recuperar mi Fe.

Así que creo que, para los creyentes, sea tu Dios el que sea, la meditación y la oración al final pueden ser una tercera y cuarta herramientas bien poderosas a la hora de superar un mal momento, sólo hay que estar un poco abierto de mente.

Y poco más hay que añadir. Son herramientas muy poderosas, y que realmente me han ayudado siempre fuera cual fuese la índole de mi sufrimiento y su gravedad.

Creo que además no pierdes nada por incorporarlas a tu día a día aunque tu situación sea inmejorable. Verás que aun así, notarás su beneficio.

Si finalmente decides aplicarlas me encantará saber cómo te ha ido. Compartir la experiencia ayuda aún a más gente.

Comentarios

  1. Gracias!! De vez en cuando es necesario recordar los básicos. Un abrazo.

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  2. ¡ Qué alegría saber de tí ! Necesitamos tus entradas tan nutritivas. Un abrazo.

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  3. Que placer leerte!! Yo a mis momentos de oración les llamo "junta de accionistas"... ahí expongo "como van las cosas", lo que pido por los mios, por mis cercanos , por otras intenciones... les pido sobretodo que me iluminen... a El Jefe, Su Madre y el resto de Junta ... mi madre, que forma parte desde hace 5 años de la junta, que seguro que se hace oir e intenta dirigir... así me lo imagino yo...y así los quiero a todos en mi vida... todos juntos...

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